HISTÓRICO ÉXITO DE UN FEROZ Y COMPLEJO ACTO DE GUERRA CONTRA LAS CAPITALES ECONÓMICA (Nueva York) Y POLÍTICA (Washington) DE LOS ESTADOS UNIDOS. Un segundo Pearl Harbour televisado en directo gracias a una meticulosa planificación y una exacta ejecución. Cuidadosa elección psicológica de los dos símbolos atacados: el del poder militar (el Pentágono) y el del poder económico y financiero (las torres gemelas del World Trade Center). El final de una intangibilidad. EL QUE SIEMBRA VIENTOS RECOGE TEMPESTADES.
11-09-2001 Análisis EXTRAORDINARIO del Servicio Analítico-Informativode la RED VASCA ROJA.
NOTA PREVIA. Estaba terminando de editar para su envío el Análisis ordinario de la semana del 3 al 9 de septiembre de 2001 cuando se ha producido el comienzo del complejo acto de guerra contra los Estados Unidos. Naturalmente he pasado el resto del día siguiendo por TV e Internet lo que sucedía. A las 23 horas me pongo a pergeñar este análisis EXTRAORDINARIO. Con posterioridad enviaré el ordinario.
Este texto pretende ser un análisis y no una crónica. Por eso no voy a relatar aquí los detalles de los hechos que quienes me leen conocen seguramente ya a través de los diversos medios informativos. Lo primero que me interesa aclarar es por qué llamo acto de guerra a lo que la inmensa mayoría de esos medios informativos ha llamado acto terrorista.
Lo llamo acto de guerra porque evidentemente lo es. Sucede que todos los Estados capitalistas imperialistas llaman y han llamado siempre "terrorismo" a los actos de guerra con los que los pueblos invadidos o atacados por ellos contestan a su violencia. Rusia llama hoy terroristas a los chechenos que luchan contra su ejército invasor. Israel llama terroristas a los palestinos que luchan contra su ejército invasor. Francia llamaba terroristas a los argelinos del FLN que luchaban contra su ejército invasor y colonizador. Estados Unidos llamó terroristas a los vietnamitas del Viet Cong que luchaban contra su ejército invasor y colonizador. Alemania llamó terroristas a los franceses, yugoslavos, noruegos, belgas, holandeses, polacos, rusos que luchaban contra sus ejércitos invasores y colonizadores. La España de Franco llamó terroristas a los maquis que lucharon contra su ejército faccioso, rebelado contra el Gobierno legítimo de la II República. La España del Rey que Franco nombró llama terroristas a los vascos que luchan contra su ejército y sus fuerzas policiales (incluídas las tropas indígenas mercenarias auxiliares de la Ertzaintza).
Es famosa la anécdota de un oficial francés, paracaidista y torturador, que le pregunta a un guerrillero del FLN "¿Por qué matan ustedes mujeres y niños con bombas en los cafés?" Y recibe como respuesta: "Porque no tenemos los helicópteros con los que ustedes matan mujeres y niños en nuestras aldeas".
Es inservible el argumento de "las víctimas inocentes" como criterio para distinguir lo que es un acto terrorista de lo que es un acto de guerra. ¿No eran "víctimas inocentes" los cientos de miles de muertos por las bombas atómicas yanquis de Hiroshima y Nagasaki?
¿Y los cien mil muertos en los bombardeos con fósforo anglo-norteamericanos de Dresde?
¿Y los cientos de miles de muertos en Camboya por los bombardeos yanquis ilegales (ocultados al Senado de los Estados Unidos)?
¿Y las decenas de miles de muertos por los bombardeos de los yanquis y sus aliados en Irak?
¿Y los miles de muertos por la aviación de la OTAN en Kosovo y Yugoslavia?
Pues entonces todos esos actos que sus autores llaman de guerra deberían aceptar que fueran y sean llamados actos terroristas.
El reverendo y matemático Charles Lutwidge Dodgson, más conocido por el seudónimo de Lewis Carroll con el que firmó sus magníficas obras Alicia en el País de las Maravillas y A través del espejo y lo que Alicia encontró al otro lado, explicó muy claramente cómo funciona eso de llamar a las cosas como a uno le da la gana. Cómo puede, por ejemplo, llamarse "intervención humanitaria" a un bombardeo terrorista (el de la OTAN en Yugoslavia por ejemplo).
Lo hizo a través de uno de sus personajes (Humpty-Dumpty), recreado por él. Que formula una orgullosa afirmación de la impunidad y la arbitrariedad en el capítulo seis de A través del espejo y lo que Alicia encontró al otro lado (Lewis CARROLL: Trough the Lookong Glass and what Alice found there, 1871. Cito de una excelente versión en castellano, de Jaime de Ojeda: A través del espejo y lo que Alicia encontró al otro lado, Alianza Editorial S.A. Madrid, 1973)
Oigamos a Humpty-Dumpty, el zanco giboso, el huevo de monumental fatuidad inconsciente de su fragilidad:
"Cuando yo uso una palabra -insistió Humpty-Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso- quiere decir lo que yo quiero que diga..., ni más ni menos.
-La cuestión -insistió Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes
-La cuestión -zanjó Humpty-Dumpty- es saber quién es el que manda..., eso es todo"
En definitiva, aunque los Estados Unidos y sus lacayos (como el presidente del Gobierno de España Aznar) digan que ha sido un acto terrorista es evidente que ha sido un complejo acto de guerra.
Ciertamente feroz pero que ha tenido un éxito histórico porque desde el siglo XVIII, hace más de doscientos años, es la primera vez que tiene éxito un acto de guerra contra el territorio continental de los Estados Unidos.
Precisamente lanzado además contra las DOS ciudades capitales de los Estados Unidos. La capital política, Washington, y la capital económica y financiera, Nueva York.
Es la primera vez, subrayo de nuevo, que desde hace más de doscientos años los ciudadanos de Estados Unidos sufren la experiencia de un ataque contra su territorio continental. La intangibilidad de ese territorio fue un factor decisivo para que los Estados Unidos emergieran después de la Segunda Guerra Mundial como la potencia militar y económica más poderosa del planeta, heredera de la hegemonía en la economía-mundo capitalista perdida por la Gran Bretaña y que le había disputado Alemania.
La más reciente experiencia parecida de los Estados Unidos es el ataque, también con éxito, japonés a Pearl Harbour el domingo 7 de diciembre de 1941. Insisto en que la diferencia decisiva es que aquel ataque se produjo sobre territorio de los Estados Unidos (todavía no constituido en Estado de la Unión) pero en el Pacífico. No contra el territorio continental y desde luego no contra sus ciudades capitales.
Ha sido un ataque típico del Siglo XXI. Típico de este siglo porque este siglo tiene como una de sus características la de la cobertura planetaria de los medios de comunicación (Televisión e Internet). Y la planificación, sin duda meticulosa, del ataque ha tenido muy en cuenta esa característica para conseguir que este segundo Pearl Harbour fuera televisado en directo a todo el planeta. Tanto por las cadenas de televisión como por Internet.
En efecto los planificadores del ataque cronometraron que el segundo avión de pasajeros secuestrado, destinado a estrellarse contra la segunda de las Torres Gemelas de Nueva York (la Sur), lo hiciera dieciocho minutos después de que el primero se estrellara contra la primera (la Norte).
Lo cual garantizaba que, como sucedió, todas las televisiones del planeta estuvieran emitiendo (muchas de ellas en directo) imágenes del incendio provocado por el primer impacto en la torre Norte.
Los enemigos de los Estados Unidos le han pagado así con su misma moneda. Una moneda equivalente a la del impacto en la opinión pública mundial de los bombardeos de Irak televisados en directo en 1991.
Karl von Clausewitz decía que la guerra es la continuación de la política por otros medios. El acto de guerra que estoy comentando es un ejemplo de la validez de ese enunciado. Porque evidentemente perseguía lo que ha conseguido: producir miles, quizá decenas de miles de bajas humanas. Efecto muy importante porque si las bajas se acercan a las que la cadena estadounidense CNN ha calculado (unas 25.000 víctimas.) serán más de la mitad de todas las sufridas por los Estados Unidos en todos los años de su traumática primera derrota: la de guerra de Vietnam (47.752.). Y no hace falta que pondere yo aquí el profundo impacto que esas bajas en Vietnam tuvieron en la vida y la historia de la formación social estadounidense. .
Pero es claro que además el ataque perseguía conseguir un impacto psicológico sobre los estadounidenses y sobre todos los habitantes del planeta. Y para ello sus autores han hecho una cuidadosa elección psicológica de los dos símbolos atacados. Porque, por encima de su muy importante realidad material, lo que se ha atacado son símbolos.
Han atacado el Pentágono que es el símbolo de la absoluta primacía del poder militar de los Estados Unidos. El primer artículo del nº 3 de la edición española de new left review (Julio/Agosto de 200O), obra de Leo Panitch, se titulaba El nuevo Estado imperial refiriéndose, claro está, a los Estados Unidos. Y también en el año 2000 Ediciones Akal S.A. publicó una obra de Peter Gowan titulada La apuesta de la globalización. La geoeconomía y la geopolítica del imperialismo euro-estadounidense. En ambos casos uno de los argumentos utilizados para sustentar la afirmación del hecho de un renovado imperialismo yanqui es el de su aplastante superioridad militar. El Pentágono es el símbolo universalmente conocido y publicitado de ese poderío militar. Haberlo atacado, haberlo tocado y haber conseguido su incendio y demolición parcial es un logro de efectos psicológicos con alcance planetario.
Y han atacado las Torres Gemelas del World Trade Center. Se trata de otro ejemplo de la táctica del judo: usar la fuerza del adversario contra él mismo. Porque es la incontestable hegemonía estadounidense en el número de horas de cine y de horas de televisión consumidas en el planeta la que garantiza que la "skyline" neoyorkina, la línea del cielo, la imagen de Nueva York protagonizada por esas dos Torres Gemelas, es una de las imágenes, uno de los perfiles ciudadanos, una de las "postales" que mayor número de habitantes del planeta son capaces de identificar. Atacarla y conseguir modificarla incendiando y demoliendo las dos torres garantiza un impacto mundial al mensaje que el acto de guerra constituye: los Estados Unidos NO SON invulnerables. A los Estados Unidos se les puede hacer mucho daño. A los Estados Unidos "se les puede cambiar el perfil a la fuerza", "se les puede romper la cara a golpes".
Igual finalidad tenía el ataque a Camp David (la residencia de vacaciones del todopoderoso Presidente de los Estados Unidos). Realizado por un tercer avión secuestrado pero que la evidente "censura de guerra" autoimpuesta por los mass media norteamericanos casi ha hecho desaparecer de las noticias. Como han conseguido evitar casi por completo imágenes de las calles adyacentes a las Torres. Y como ha casi desaparecido la noticia, publicada en algún momento por Internet, de que han sido dos cazas yanquis los que han derribado otro avión también secuestrado, de United Airlines, el cuarto, estrellado en Sommerset, cerca de Pittsburg. (Se trata del vuelo 93 de United Airlines, que viajaba de Newark, New Jersey, a San Francisco).
Es claro que, aparte de estos buscados y conseguidos efectos psicológicos, el complejo acto de guerra que comento ha logrado otros efectos: Pánico, caos, paralización de actividades. Caída de las Bolsas. Cierre de escuelas. Ley marcial. Compra compulsiva de alimentos. El Ejército ha clausurado todos los aeropuertos de Estados Unidos, se han cancelado todos los vuelos comerciales y los que tenían previsto llegar al país estaban siendo derivados a Canadá, hasta que este país también ha cerrado sus aeródromos. Esta es la primera vez en la historia de Estados Unidos que el Ejército adopta esta medida. Pero aparte de todo ello quiero subrayar dos aspectos importantes más del ataque contra las Torres del World Trade Center.
Uno es el impacto de los daños económicos. El pasado mes de julio, el Estado de Nueva York, propietario de las Torres, cedió sus derechos de explotación a dos empresas privadas por 3.000 millones de dólares (570.000 millones de pesetas). El acuerdo, suscrito por un plazo de 99 años, establecía que las Torres seguían siendo propiedad de la autoridad portuaria de Nueva York y Nueva Jersey. Ahí hay un primer renglón de daños. Al que hay que añadir los generados en los edificios y calles colindantes, la quiebra de empresas de seguros, etc, etc.
Pero es que más de 430 empresas, muy importantes, de los Estados Unidos y de 28 países de todo el planeta tenían oficinas dentro de los nueve millones de metros cuadrados de superficie que sumaban las torres. Entre ellas muchas de las que se dedicaban a controlar una parte substancial de la producción y de la mercantilización de materias primas en todo el mundo. Es seguro que muchas de ellas podrán recomponer sus archivos destruidos porque guardarán copias informáticas en otras sedes. Pero difícilmente podrán substituir con igual nivel de eficiencia a sus ejecutivos y empleados experimentados sobresalientes desparecidos. El ataque ha dañado muy profundamente a una importante rama de los centros de poder económico y financiero mundial.
Más arriba me referí ya al estratégico aspecto del final de la intangibilidad del territorio continental de los Estados Unidos. Quiero terminar este apresurado análisis refiriéndome a la segura causa de ese final. Dicho llana y sencillamente: los Estados Unidos se lo estaban buscando. O, de forma más clásica, EL QUE SIEMBRA VIENTOS RECOGE TEMPESTADES.
La historia de los Estados Unidos es la historia de una rapacidad rampante, de un imperialismo insultante y prepotente. Los Estados Unidos nacieron y crecieron sobre la base de un continuado genocidio que redujo la población indígena pre-existente a un puñado de míseros marginados. Se ampliaron y llegaron a la costa Oeste robando a México, por el engaño o el soborno a sus dirigentes o por la guerra de conquista pura y dura, casi la mitad del territorio continental que ahora poseen. Sentaron las bases iniciales de su economía mediante el crimen de la trata de esclavos y la ignominia de la esclavitud como sistema de producción. Y durante todo el siglo XIX y todo el XX han construido su prosperidad y riqueza sobre el saqueo, el expolio, la explotación y la inducción a la miseria ejercidos sobre cientos, miles de millones de personas en el planeta. Docenas de veces han intervenido militarmente en Centro y Sudamérica para colocar en el poder canallescos tiranos que explotaban a sus compatriotas en nombre de y para mayor gloria y provecho de los yanquis. Sus últimas "hazañas" son las criminales guerras desencadenadas contra Irak y contra Yugoslavia.
Todavía hoy mismo, el mismo día del ataque, GARA publicaba lo siguiente:
Estadounidenses y británicos siguen castigando al pueblo irakí "Un nuevo ataque anglo-estadounidense contra objetivos civiles de Irak provocó al menos ocho muertos y tres heridos. Desde que en 1991 impusieran las denominadas "zonas de exclusión aérea" en el norte y sur de Irak, los aviones norteamericanos y británicos sobrevuelan a diario estos territorios y, en muchas ocasiones, atacan provocando un incontable goteo de víctimas. Esta agresión es, pues, una más en la cadena de destrucción sistemática a que se somete a Irak, con las excusas "confesadas" de proteger a las minorías kurdas y chiítas que habitan en estas zonas, y "minimizar la amenaza de los antiaéreos de Bagdad" y el objetivo inconfesado de minar a un régimen político castigando a su población."
El 27 de abril del año pasado EL PAÍS publicaba un artículo del profesor y eurodiputado Sami Naïr titulado ¿Queremos destruir al pueblo iraquí? Que comenzaba con este párrafo:
"¿Cuánto tiempo será necesario para tomar conciencia de la destrucción del pueblo iraquí? El Parlamento Europeo, al adoptar el 13 de abril una resolución por la que se pide el levantamiento condicionado del embargo y se condena los bombardeos que Estados Unidos y Gran Bretaña infligen a los iraquíes despreciando así la legalidad internacional, quiso llamar la atención sobre este desastre humano. Sí, pronto se cumplirán ya diez años de embargo. Diez años durante los que el pueblo iraquí está sometido, con el amparo del Consejo de Seguridad, a la despiadada política de la superpotencia estadounidense. Conocemos el cuadro: duplicación de la mortalidad infantil (Unicef habla de medio millón de niños menores de cinco años muertos a consecuencia del embargo), desarrollo sin precedentes de la desnutrición (cuatro de cada cinco niños afectados), descenso dramático de la escolarización (en 1991 el 100% de los jóvenes estaban escolarizados, hoy lo están tan sólo la mitad), destrucción de las infraestructuras sanitarias, urbanas e industriales y trágico aislamiento cultural del pueblo iraquí del resto del mundo."
Y tan cerca como el pasado domingo GARA publicaba este artículo de un palestino residente en Euskal Herria;
Que nadie diga que no lo sabía
"Cuando está a punto de cumplirse el primer año del inicio de la segunda Intifada palestina y cuando el régimen israelí lame las heridas sufridas en la conferencia mundial de Durban contra el racismo, Thamer Birawi, palestino residente en Euskal Herria y miembro del grupo Palestinaren Lagunak, llama la atención sobre el silencio mundial ante las cotidianas agresiones israelíes.
A Sharon le quedan pocos cartuchos en su rifle. A pocos meses de ser elegido para garantizar la seguridad individual y colectiva de una sociedad colonial como es la israelí, hoy en día el 70% de sus electores cree que el general genocida no es capaz de ganar militarmente a la revuelta popular palestina. Es asombroso el rechazo de los israelíes a la realidad propia y ajena. No hace falta ser un fenómeno para saber que no hay fuerza sobre la faz de la Tierra que pueda ganar a un pueblo que lucha para defender unos derechos básicos, naturales y legítimos. Pero los israelíes son distintos. Israel mismo es different, o al menos así se lo creen y nos quieren hacer creer.
Israel puede matar, destruir, encarcelar y aterrorizar a un pueblo entero y no pasa nada, nadie de los grandes de este mundo hace algo significativo para parar el genocidio. Está claro que es una ilusión sin fundamento alguno esperar algo justo o bueno de los mismos amigos, aliados y padrinos de Israel pero, por favor, ¿dónde están los demás? ¿Dónde están los compañeros, amigos y defensores de las causas justas? ¿Dónde están los principios universales, los derechos básicos, la dignidad humana y todo lo demás? Es realmente desolador, y alarmante, comprobar la indiferencia y el silencio de las cancillerías y de las sociedades civiles ante el espectáculo de muerte y humillación diaria y colectiva al que está sometido el pueblo palestino. Estoy seguro de que de todo este silencio se benefician solamente los generales y gobernantes de Israel.
También es evidente que tal indiferencia y silencio cómplices no ayudará al mismo Israel a salir de su ceguera.
El 28 de setiembre la actual revuelta del pueblo palestino cumplirá doce meses durante los cuales han caído muchos mitos y, sobre todo, muchas personas, jóvenes y palestinos en su gran mayoría.
En primer lugar, ha caído por enésima vez el sueño sionista de rentabilizar las victorias militares obtenidas en guerras anteriores contra los regímenes árabes. A Israel le está costando imponer a toda la zona árabe unos acuerdos políticos injustos.
La gran maniobra israelo-americana llamada Conferencia de Madrid, transformada luego en Oslo y concretada en un sinfín de miniacuerdos que sólo sirvieron para promocionar las exóticas localidades que les acogieron, ha resultado fallida.
De la era de la paz israelo-americana queda solamente una fachada que no tiene nada que ver con lo que pasa diariamente en Palestina desde hace al menos once meses.
Está claro que Israel, la primera y única potencia nuclear y convencional de Oriente Medio, se encuentra ahora mismo delante de un dilema viejo, que tiene la misma edad que el movimiento sionista que la parió y que le provoca periódicamente ataques agudos
De carácter existencial: ¿qué hacer con unas gentes (los palestinos) que para los sionistas, desde el principio (es decir, mucho antes de la creación del Estado colonial israelí en Palestina), no existían? Solamente teniendo en cuenta la negación total por parte del sionismo internacional de la misma existencia física de los palestinos se puede explicar el fracaso sonado de todas y cada una de las tentativas de arreglo justo del conflicto en Palestina. ¿Cómo van a dar los israelíes la patria que robaron a un dueño que para ellos no existe? Si bien con el transcurso del tiempo no han podido seguir negando la existencia del palestino (en parte gracias a la obstinación del negado), los israelíes no llegan a reconocer nunca los derechos naturales de éste.
Lo dicho anteriormente no es ni fantasía ni tanto menos abstracción: desde el lema histórico del sionismo "una tierra sin pueblo (Palestina) para un pueblo sin tierra (los judíos)" hasta las prácticas (legales) de la entidad sionista hay un conjunto de filosofías y teorizaciones de marcado acento excluyente y racista donde el sionista se autocoloca en el mismísimo centro del universo. Así pues, interpreta y elabora toda una teoría sobre el llamado derecho histórico en Palestina y reinterpreta la llamada alianza del Dios tribal (de ellos) con su pueblo elegido. Esto, en definitiva, no se diferencia de otros racismos de los que los judíos han sido víctimas. Pero hay que decir claramente que las masas judías eran y son lo último que les importa a los sionistas y que los contactos de los líderes sionistas con los regímenes racistas antijudíos han sido frecuentes y fructuosos cuando facilitaban la ejecución de sus planes coloniales.
Como consecuencia, la batalla en Palestina no es y no ha sido nunca entre musulmanes, cristianos y judíos. Contrariamente a lo que una buena mayoría de la opinión pública europea piensa, el conflicto en Palestina, desde el principio hasta ahora, es una lucha de descolonización contra un movimiento político europeo que canaliza todas sus fuerzas para ocupar una tierra, como hicieron todos los colonialistas, con la diferencia de que en el caso sionista la cobertura no ha sido la salvación de la tumba de Cristo de manos del infiel (musulmán y cristiano autóctono) sino el regreso del pueblo elegido a la tierra prometida.
Que los judíos no son ni un pueblo ni una nación, y menos una raza, lo demuestra el hecho de que no existe ni raza cristiana ni musulmana, es decir: la religión no crea naciones, si no, ¿qué es lo que puede unir a un judío árabe iraquí a un judío polaco? Lo mismo vale para los demás. El problema es que el sionismo es un movimiento político que nació en Europa y que utilizó y utiliza a las masas judías, que lo rechazaron al principio, y hoy en día todavía existen comunidades judías que lo rechazan.
El racismo apartheidista del Estado de Israel afecta no sólo a los palestinos, sino que se extiende también a las distintas comunidades judías que emigraron a Palestina: los sefardíes no son tratados como los ashkenazíes, los falasha (llegados de Etiopía en 1984) no son auténticos judíos y los rusos son vistos como judíos disfrazados, para no hablar de los palestinos, los propietarios de aquella tierra.
Para los sionistas, los palestinos son extranjeros en su tierra: todas las leyes aplicadas desde la proclamación del Estado sionista lo demuestran: viven allí por pura casualidad; como consecuencia, no poseen nada; lo mejor es que se vayan, pero si no es posible mandarlos todos de una vez, el tiempo y las prácticas diarias de los distintos gobiernos, los de derecha como los de izquierda, se encargarán de hacerlo. Así pues, un palestino que no conoce otra tierra sino la suya perderá su residencia si no renueva el permiso de viaje que conceden las autoridades sionistas de ocupación. Lo mismo ocurre si quiere hacer una casa o renovar la vieja o excavar un pozo de agua. En definitiva, no tienen realmente ningún derecho por ser considerados por la ideología sionista como intrusos, mientras los recién llegados de todo el mundo son en realidad los auténticos propietarios de todo: del presente como del pasado, de la tierra como de la historia, de la tradición como de las riquezas, todo es del pueblo elegido por un Dios que no reconoce a nadie que no sea sionista.
Todo esto ocurre desde hace mucho tiempo y nadie ha podido o querido parar la barbarie sionista. Y cuando el palestino hace uso de su derecho a la resistencia, es un terrorista asesino.
El pueblo palestino ha aprendido que "no se perderá un derecho si hay quien lo reclama" y es esto lo que está haciendo desde hace un siglo.
Es verdad que todavía no lo ha conseguido, pero es más importante que no lo ha olvidado. La justa lucha del pueblo palestino vencerá. Es cuestión de tiempo.
Thamer BIRAWI
¿Necesito añadir yo que los israelíes pueden hacerle todo eso a los palestinos porque los Estados Unidos les respaldan, financian y arman y porque Israel es el gendarme regional colocado ahí para pastorear y controlar a la región en función de los intereses imperiales yanquis?
Sí. Los Estados Unidos se la estaban buscando. LOS QUE SIEMBRAN VIENTOS RECOGEN TEMPESTADES.
Y la jornada del 11 de septiembre de 2001 pasará a la Historia como una de las más claras demostraciones de un principio que con frecuencia cito:
Las cosas son como son. Hasta que dejan de serlo.
La intangibilidad y la invulnerabilidad del territorio de los Estados Unidos parece que han dejado de ser como eran.
Justo de la Cueva